Paralización de licencias hosteleras: la lucha entre el corazón y la cabeza

El anuncio de que Bilbao va a paralizar las licencias de hostelería en el Casco Viejo durante un año pone en la palestra un problema que afecta a las zonas históricas de muchas ciudades, donde los negocios hosteleros parecen “comerse” a los comercios. ¿Es esta medida realmente justa o se trata de un exceso de proteccionismo? Recogemos la opinión de Ángel Gago, Secretario General Ejecutivo de la Asociación de Hostelería de Bizkaia.
Terraza de bar

Entre 2008 y 2015 se han abierto en el Casco Viejo bilbaíno 36 nuevos establecimientos hosteleros, y se han cerrado 79 tiendas

La saturación o exceso de oferta hostelera en el Casco Viejo bilbaíno ha llevado al Consistorio  a acordar la suspensión de licencias de hostelería en la zona durante doce meses. Un tiempo en el que se va a redactar la modificación del Plan Especial de Rehabilitación del barrio “para lograr un mix comercial lo más equilibrado posible”” y “preservar los valores culturales, residenciales, comerciales y turísticos”, explica el equipo de gobierno del Ayuntamiento. Esta moratoria afecta exclusivamente al sector de la hostelería y a las nuevas solicitudes de apertura de establecimientos.

El Secretario General Ejecutivo de los hosteleros vizcaínos, Ángel Gago, realiza en el artículo que reproducimos a continuación una interesante reflexión sobre esta iniciativa municipal:

 

Hablando de burbujas: entre el corazón y la cabeza

Sin duda, si hacemos un llamamiento a la restricción de nuevas licencias de actividad (algo  que  pide el corazón, pero que jurídicamente –para la cabeza- puede ser inviable), ciertas capas  sociales  y posiblemente algún medio  de  comunicación podría atribuirnos objetivos de protección a las empresas existentes, al impedir la creación de nuevas actividades para favorecer la competitividad. Y esto no sería  correcto, incluso  sería  injusto: sólo tenemos  que mirar a nuestro alrededor y podremos comprobar la multitud y variedad de actividades que abren  y cierran, porque la oferta está sobredimensionada para el mercado existente. Algo que podría ser aplicado también al comercio, taxis, etc.

Estamos actuando  en  un  contexto  institucional,  social  (y en  ocasiones mediático, como portavoces de esos foros), en que se nos anima a ser “empresarios en  24  horas”, lo que creemos que es el peor consejo que se puede dar a un aspirante a serlo… salvo que al mismo   tiempo se le indicara que, si bien puede hacerse empresario en 24 horas, es posible que lo lamente  el resto de su vida si esa titularidad no se alcanza con los conocimientos adecuados.

Si bien hoy uno puede hacerse empresario en 24 horas, es posible que lo lamente el resto de su vida si esa titularidad no se alcanza con los conocimientos adecuados

Defiendo que en nuestro sector existe una saturación de establecimientos en proporción  a la  población existente y las posibilidades de gasto que existen, y esto no impide el que pueda existir alguna iniciativa concreta de cierta entidad en creación de empleo, en inversión, e incluso  en innovación de oferta, que pudiera  nacer  en este entorno.  Lo que me niego a aceptar en  silencio    es  que se utilice la  palabra “emprender” para utilizarla estadísticamente, y que esa función  de emprendizaje al final sea un cambio de  titularidad  en una microempresa,  incluso  en una pyme.
Y me  niego a aceptar que puedan existir apoyos y subvenciones  para  este  tipo  de emprendimientos o para la creación  de nuevas  actividades idénticas a las que configuran un mercado saturado.

Sobre la “defensa de  la  patria”:  A veces  escucho  o leo, con incredulidad, la exigencia de limitaciones a nuevas actividades que no coincidan  con las raíces y costumbres de nuestro país, pero  ¿resiste esta posición un  mínimo análisis?. ¿Deberíamos  prohibir  la gastronomía árabe, hindú,  japonesa…?  ¿Y  la  de  otras zonas del Estado? ¿O se trata de prohibir ciertas y concretas franquicias?.  Y en caso afirmativo, ¿en  qué marco  jurídico  cabe  este proteccionismo? ¿Y lo aplicaríamos al resto  de productos  y actividades?. ¿Y aceptaríamos que lo  hicieran  a  los nuestros?

“¿Deberíamos prohibir la gastronomía árabe, hindú, japonesa,…? ¿Y la de otras zonas del Estado? ¿O se trata de prohibir ciertas y concretas franquicias?”

Cualquiera que me conozca sabe que mis gustos son tradicionales, muy tradicionales; y  hacia  ese consumo dirijo  mi  gasto. ¿Cuál es la posición de quienes  reclaman  ese  proteccionismo? ¿Hasta   dónde la oferta del comercio y hostelería no ha  sido una  respuesta a  las tendencias del consumo?. ¡Claro!, y ahora  viene  la  censura a  la publicidad y a los medios que  la  difunden. ¿Y   dónde   queda la  responsabilidad  de cada uno de nosotros?

El corazón me pide defender la restricción/limitación de nuevas actividades -salvo excepciones  como las comentadas-  pero la  cabeza  me indica que todos (empresarios  e  instituciones), estamos sometidos al  imperio de la ley, y que existe una protección  a la libertad de mercado en un entorno europeo en el que la Directiva Bolkestein  es una referencia.

“El corazón me pide defender la restricción/limitación de nuevas actividades pero la cabeza me indica que todos estamos sometidos al imperio de la ley, y que existe una protección a la libertad de mercado en un entorno europeo”

Precisada  mi posición,  debo señalar que la misma es la que traslado  a cualquier foro  o entorno  en nombre de la entidad  que represento, donde siempre aflora  la lucha entre el corazón y la cabeza. Y así  ha sucedido en el Ayuntamiento de Bilbao, donde siempre  hemos defendido que la saturación del mercado de oferta debería  ser  considerada  por el Ayuntamiento hasta donde  fuera  posible en el marco de la legalidad;  y no puedo negar que el Ayuntamiento ha  actuado  con transparencia intentando trasladarnos los límites que existen legalmente para  una regulación sectorial de cualquier actividad basada en motivos económicos.

No obstante, en el marco jurídico que permite el que Bilbao, por tener una zona geográfica  (Casco Viejo de Bilbao) enmarcada  dentro de un Plan Especial de Rehabilitación, pueda paralizar  durante un año la tramitación de licencias  nuevas, siempre contemplando los diferentes  intereses,  la  Asociación defiende que esto debería ser aplicado prácticamente a la totalidad del municipio.

La Asociación de Hostelería de Bizkaia defiende que la paralización nuevas licencias hosteleras durante un año debería ser aplicada prácticamente a la totalidad del municipio

En la confianza de que el Ayuntamiento va a realizar este análisis, por el  firme compromiso  que ha  adquirido, debo aceptar  como un primer paso lo realizado  en el Casco Viejo  a la espera de lo que se haga en el resto  del municipio; y siempre consciente de que la cabeza me obliga  a acatar  el imperio de la Ley pero sin  renunciar a reivindicar desde el  corazón el que cualquier  ley  pueda  ser  reconsiderada  y, en  su caso, modificada.

 


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2 comentarios "Paralización de licencias hosteleras: la lucha entre el corazón y la cabeza"

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  1. Angel J Navarro dice:

    El proteccionismo nunca ha sido sinónimo de evolución ni de mejora y competitividad. Estas medidas sólo favorecen al que ya está y como yo estoy ¡que no venga nadie más!.
    De nuevo la política se inmiscuye en la economía y en la,libertad de las personas para decidir en qué quieren trabajar o invertir su dinero. este poder que los políticos se han arrogado solo conduce a corrupción y prebendas. La administración debe tutelar las condiciones que deben cumplir los negocios/empresas para desarrollar su actividad con el único objetivo de protección de los consumidores y usuarios.

    Alguien debería denunciar en los tribunales estas injerencias ya que la libre competencia no se puede limitar por “señoritos” que llegan a un puesto público en un momento determinado.

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